martes, 9 de diciembre de 2008

Le Punk


Es una historia muy larga, sólo diré que el día 5 me dieron otra alegría.
Le Punk me invitó cantar "La canción del soldado", una maravilla de su disco reciente "Mátame", en la presentación en una abarrotada Joy (en Madrid). Fué una fiesta impresionante.

Es un directo el de Le Punk que tenéis que ver, y sentir, si os apetece un viaje del que no podáis retornar.

Es un grupo enorme.

Salud eterna para ellos.

Gracias.
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Me encontré esa noche con tantos amigos que sería una imprudencia tratar de resumir aquí lo vivido. Con sus noches y sus días incluidos.

5 comentarios:

XiViRiFlÁuTiC dijo...

Ala, y encima 'la canción del soldado' Me hubiese encantado asistir, pero no tenia ni idea... :(

RuBeN dijo...

Tremendo, he buscado el documento gráfico y no tiene parangón. Aqui está http://www.youtube.com/watch?v=Y_eovTeVe3w

Salud maestro y saludos a Alejandro!

inbeesible dijo...

Los grandes siempre se juntan, y los peces chicos nos arrimamos curiosos alrededor.

Me gusta que tildes el fue, como la fe de antaño. Tan ciega era, que la perdió en una prueba de su existencia...

Saludos sucesivos.

Anónimo dijo...

Bueno, no tiene que ver nada con la entrada....pero fue una sorpresa ir en el metro, escuchando tu nuevo disco, y encontrarme con canto de armónicos en "báquica escena" (me parece que es...). Hice un curso hace poco sobre ello y me sorprendió encontrarlo en tu disco... Un abrazo

Icaria dijo...

Alguien ve una puerta, alguien ofuscado y hundido en la mierda ve una puerta y es la libertad. La desesperación de un colectivo oprimido se disuelve en forma de humo porque él abrió la puerta, la que desde que se construyeron muros ha existido (o es un invento de la imaginación) y se rebela. El grupo que había ejercido hasta el momento como espectador, actúa.
Se ha abierto la puerta hacia el cambio. El eterno cambio, 'lo único eterno es la mudanza'.
Empieza el movimiento, mejor dicho se exterioriza porque nunca nada ha parado desde que algo o alguien nos trajo aquí.
Todos dentro tenemos un constante vaivén involuntario hasta que alguien abre una puerta y empezamos a sentirlo, a controlarlo, lo racionalizamos y lo escupimos.
Y éste es el motivo de nuestra lucha, crear una epidemia de la razón que tiene el corazón, una expansión del balanceo que nos mueve.
El motivo es demostrarle a la gente que está viva y que mejor prueba que gritarlo los que hemos abierto los ojos, nuestro objetivo es despertar la conciencia social, porque, sinceramente, desde la conciencia individual, la conciencia social es pésima (y no me excluyo).
En esta parte del mundo está reprimido quien quiere, está muerto quien no se mueve.
Nosotros somos los mensajeros, los publicistas de la alternativa. Los que vivimos despiertos en un ensueño, somos el árbol de Juan Ramón Jiménez el que extiende sus ramas hacia el cielo infinito y clava sus raíces en la tierra y en la piedra. Todo porque alguien abrió la puerta, la maldita puerta de la consciencia.
Debió ser el frío el que me hizo creer en estas cosas. Ahora, la esperanza que tengo es que mañana con el calor del sol no se diluya esta fe en nosotros mismos, en el caso de que ocurra pido desesperadamente que alguien abra alguna puerta (o, ¿bastaría con una palabra alentadora?).
POR FAVOR QUE ALGUIEN ABRA UNA PUTA PUERTA