martes, 15 de abril de 2008

Recuerdo de la amistad


Hay hombres que confunden la amistad con la caridad.
Muhyiddin Ibn’ Arabi, nació en Murcia en el siglo XII. Nueve siglos después sigue habiendo hombres que confunden la amistad con la caridad.
La mística y el derrame de los bares de occidente. La evangelización de los grandes ojos que vienen de Egipto. El perdón infinito en que habitamos y las narices postradas esperando derramar la sangre que amanece en cada mirada gratuita.
La medida del tiempo es el agnosticismo supremo.
Suponerse uno, es aniquilar cientos.
La auto-indulgencia del que todo da. El verdadero mirar del que sabe que no puede ser visto porque no es nada que no sea puro espejo.
Hay, sin embargo, espacios de luz. Pura vida en el verbo que es vida no tanto por lo que dice sino por lo que regala en la pupila.
El arte nunca ha sido de los artistas, sino de un condimento en la comida.
La fisiología es la defensa de los débiles, y tiene la última palabra (si no todas).
Lejos de Murcia, y del siglo XII, nació Paco, Pachi......, sus ojos siguen hablando de Egipto, y de Extremoduro, o los Enemigos......, no confunde la amistad con nada, ni mucho menos la caridad. Es un hombre débil porque es un hombre, y también es un hombre fuerte porque no tiene miedo, y yo, entre las flores de los bulevares, vislumbro la voluntad como destino.
Pachi es un superviviente colosal entre lo mediocre, un alquimista de sí mismo y por lo tanto de todos nosotros.
Un amigo. Así lo siento y así (sin su consentimento) se lo agradezco.

PD. Dentro de unas horas me iré a seguir grabando, ( de momento sin holofonías). Os seguiré contando.

martes, 8 de abril de 2008

La escucha interpelada

(Foto extraída de caballerotrueno.wordpress.com ).

Aquí os dejo un texto de Carmen Pardo. Extraído de http://www.uam.es/ra/amee/revista/pardo.htm, revista electroacústica, RAE.

"El sonido se halla allí donde nos ponemos a la escucha, pero escuchar no es una actividad espontánea. Por ello, el sonido es un hallazgo, una invención que se crea cuando la escucha se abre. En este proceso destaca el modo en que el sonido surgido de las llamadas nuevas tecnologías modifica la escucha produciendo una auténtica transformación perceptiva. Y es que la escucha se ha situado, junto al sonido, en un polo de reflexión que, desde sus primeras manifestaciones con John Cage o Pierre Schaeffer –por ofrecer dos ejemplos dispares-, no deja de interrogar el quehacer musical.
Si nos situamos en la composición surgida con los nuevos medios destaca el modo en que el espacio de difusión cobra un relieve antes inusitado. Esta atención al espacio de difusión puede ir desde la atención a las condiciones acústicas de la sala, al número y el tipo de altavoces, hasta el hecho que la interpretación sea realizada por el propio compositor (con correcciones en función de la cantidad de público, etc.), o un ingeniero de sonido, o mediante un sistema ‘automático’ ya prefijado.
La cuestión del espacio se ha convertido en un tema recurrente para la música a partir de 1945. Se trata de una preocupación que se evidencia desde los orígenes de la música concreta y electrónica, y que da lugar como es sabido, a la distinción entre un espacio interno que es asignado a la composición misma, y un espacio externo que corresponde a la difusión de la obra. Este espacio externo, en tanto interacción entre el espacio físico y el espacio acústico de la composición supone, a menudo, el planteamiento de una dualidad que reproduciría la antes existente entre la partitura y la interpretación de la obra (1). En la escucha de una composición “clásica”, el oído unido básicamente a la memoria, procedía a una interiorización de la música que, en cierto modo, restituía la música silenciosa que transcurría en la partitura. La escucha del espacio externo hoy, se mantiene en la exterioridad, en lo que hemos denominado la escucha del afuera.
Respecto a la percepción, la relación entre la música y el espacio puede adoptar una doble formulación que forma por así decir, la cara y el envés de una misma moneda:
1.La música y el espacio físico fundan un espacio dinámico en el que predominaría lo que se podría denominar una percepción cualitativa del espacio.2.La música hace sentir que es un movimiento que crea un espacio propio que se percibe independientemente de las características asignadas al espacio físico.
El predominio de este espacio externo modifica una escucha que no se funda ya sobre la memoria y la interiorización, sino que ha dado paso a la consideración de un movimiento sonoro externo que no se corresponde con ninguna visión. En la escucha del espacio externo, la escucha del afuera, la mirada se siente llamada por un movimiento ciego, sin visión, por el espacio sonoro. Esta escucha en el espacio y del espacio dificulta la interiorización del sonido, aunque en esta dificultad interviene también, de modo fundamental, la pérdida de sensación de eso que se denominaba el tiempo musical. El tiempo, que antes funcionaba como unificador del discurso musical, ahora, ante una música que a menudo no se quiere discursiva sino simplemente acontecimiento sonoro, perdería sus funciones. No obstante, la espacialización del sonido no excluye que el compositor pueda ofrecer, asimismo, un tiempo musical dado también a la escucha. Un ejemplo lo podría constituir Quodlibet de Emmanuel Nunes realizada en 1991 para el Coliseu dos Recreios de Lisboa.
El predominio de esta escucha que se realiza en el afuera, sin demasiados anclajes para producir una interiorización, unida a la desaparición de la forma en su sentido clásico, provocó que ya entre los años 30 y 60 del siglo XX se hiciera uso de las metáforas visuales para aludir a la nueva música y a su escucha. En este sentido destacaría la metáfora de la fotografía utilizada por Robert Beyer para aludir a la música en el espacio, la de la pintura usada por Th. W. Adorno fundamentalmente y, posteriormente, la metáfora del cine para caracterizar la música que sigue la deriva de Schaeffer. Más recientemente, será la noción de imagen sonora la que ocupe el lugar preponderante.
La noción de imagen denota, en primer lugar, la espacialización, pero debe destacarse, en segundo lugar, que esta noción toma su fundamento del proceso cognitivo de la escucha, apelando a la imaginación o la creación de una imagen tal y como se aplica en las ciencias cognitivas. Esta noción parece ocupar el lugar vacío dejado por la comprensión que producían las relaciones entre los sonidos en la música tonal y, por tanto, la creación de una forma que activaba la memoria. Pero, ¿cómo se escucha una imagen auditiva o sonora? De entre la diversidad de propuestas y acepciones de la imagen sonora se destacará la elaboración de la imagen en la música acusmática tal y como la teoriza el compositor François Bayle. En su artículo “La odisea del espacio”, el compositor describe los tres estadios de la experiencia de la música en el espacio (2). Unos estadios que son a un tiempo, niveles de escucha. Los tres estadios se inspiran en la semiología de Peirce.
En el primer estadio se encuentra el espacio de difusión, que corresponde a los altavoces y a la escucha sensorio-motriz, la atención a los movimientos y a las cualidades del sonido. Se trata para Bayle de una escucha intuitiva, la que correspondería al oído biológico. Estamos situados con esta escucha en la imagen-sonido, en lo que Peirce denomina el icono.
En el segundo estadio se encuentra el espacio-objeto, es decir, el espacio de la composición del objeto que, por otra parte, permite al oyente identificar las esculturas espacio-temporales que tienen lugar. El oyente necesita establecer nexos causales internos a los sonidos. En consecuencia, nos encontramos en un nivel cognitivo. Se trata del nivel de los indicios según Peirce.
Finalmente, el tercer estadio corresponde a la interpretación. Este nivel que para Peirce es el símbolo, se convierte en Bayle en el me-sonido metafórico, la figuración. En este estadio la responsabilidad recae sobre el intérprete que debe producir la escenificación del discurso musical. Este nivel constituye para el oyente el espacio de la representación, de la musicalidad y de la creación de sentido. Para ello se requiere que emerja la memoria auditiva para encontrar de nuevo el espacio de la intuición primera.
Bayle destaca pues tres espacios: el espacio de difusión; el espacio de identificación y el espacio de interpretación. A estos espacios les corresponden tres niveles de escucha: la escucha intuitiva; la escucha cognitiva y la musicalidad o formación de sentido. De este modo, se cerraría la dualidad entre el espacio interno de la obra y el de su difusión, al tiempo que ambos se encontrarían en concordancia con la escucha. Pero, para ello, se precisa una disyunción psicológica que reconozca en el sonido un simulacro, una interpretación y un signo.
La presencia de la noción de imagen sonora, da muestras de la transformación que ha hecho de la música acontecimiento, presencia sonora en movimiento. No obstante, a pesar de estos intentos explicativos, se debe reconocer que la escucha de la música hoy, persiste en una especie de exterioridad. Esta exterioridad a la que apunta la escucha del afuera, tal vez no sea más que el indicador que anuncia que esta transformación aún está en curso, que la sensibilidad y la percepción aún no pueden dar cuenta de una evolución sonora que no cesa. Y es que esta escucha del afuera no está de hecho ni dentro ni fuera, simplemente está en movimiento".

(1) A este respecto ver por ejemplo, Chion M., « Los dos espacios », El arte de los sonidos fijados, Cuenca, Centro de Creación Experimental, Facultad de Bellas Artes, 2001. Traducción de C. Pardo.

(2) Bayle F., Musique Acousmatique. Propositions… …positions, Paris, INA-GRM éd. Buchet/Chastel, 1993.


Por Carmen Pardo Salgado, (Dra. en Filosofía).

miércoles, 2 de abril de 2008

Fotos grabación I

(Grabando guitarras)

(Sala I. "Como zapatos viejos")

(Chaouen grabando guitarra acústica)

(Sr. David de la Plaza, pruebas....)

(A cambiar cuerdas....)



(Sr. David de la Plaza, el trance ......?)

Ya os iré contando. Salud!!

martes, 18 de marzo de 2008

Repertorio nuevo disco II

(Foto: Luna, Madrid inv. 2008. C.Chaouen).



Gracias por todas las respuestas al post sobre el repertorio. He contado (creo que todas) las primeras opciones, y el resultado general es este:
“Qué te diría” creo que no la he tocado en dos años pero...., me sorprende que sea la más nombrada.
Luego han sido “Días azules”, y después “Amor vertical”, “El loco de la noche” y “Este querer (la del jilguero)”.

El repertorio de lo porvenir
será :

1) SINFORGÍA EN Ti SOSTENIDO
- Bosque lejano
- Necesito de la luz
- Me he pintao
- Olas de plata
- Liguero de gata (piel a tiras)
- Loca
- Seré
- Mi habitación en tus pupilas
- El último verso
- Tumbado


2) GRABACIÓN VI (en lo que estamos)
- Fuera del cielo
- Mal acostumbrado
- Amor vertical
- Derruido
- La vida tiene estas cosas
- Retinas de alquiler
- Báquica escena
- Equilibrio
Estas ya están sonando. La semana pasada empezamos a grabar algunas guitarras eléctricas.

- *****
++++ Entrarán algunas entre ‘Días zules’, ‘Qué te diría’, ‘Flores secas’, ‘El loco de la noche’, ‘Este quere’, ‘Comer acero’......., las que nos vaya dando el tiempo.

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Y de la oscuridad volverá a la luz..... Buena Semana de Pasión. Apasiónense.

Salud.

Gracias a los Marea


Gracias a los Marea.
Una vez más rindo pleitesía y hago mis reverencias ante los
Marea. La banda de rock que viene a poner luz de agua clara en la ciénaga y que sostiene los versos ejemplares del hombre que mira con el corazón.
Gracias Kutxi, Alen, Piñas, Kolibrí, César, Jaime, y demás gente.
Fue el 8 de marzo de 2008 en el Palacio de Deportes de Madrid, una fiesta, un gran concierto, el mejor de los que les he visto, y para mí, “otro rato en el paraíso”. Un lujo poder volver a cantar “Pan duro”.
Recuerdos de admiración para Manolo Chinato. Y para el viento.

No me canso de quitarme el sombrero ante los de Berriozar, ante Kutxi Romero y su palabra única.

Larga vida a Marea.

domingo, 9 de marzo de 2008

El combate

(Foto: Logo de MCRC).
Texto de Antonio García Trevijano.

Los medios de comunicación llaman impropiamente debate a la pugna entre dos aspirantes a monopolizar, votación mediante, todos los poderes del Estado. Ambos pactaron las reglas de su espectáculo, para que fuera imposible introducir, en una pura contienda de sentimientos, cualquier asomo de argumento demostrativo o refutador de algo pragmático o idealista. Ambos respetaron escrupulosamente el pacto de renunciar a la razón y, sin necesidad de esforzarse, también a la inteligencia. Ambos pudieron acreditar así su eficiencia emotiva para impedir el paso de lo contradictorio a lo explicable, de lo iluso a lo real, de lo imaginario a lo empírico, de lo sensible a lo inteligible.

En ausencia de libertad de pensamiento, y sin estar educados por la libertad política, es lo que se podía esperar de unos jefes de partidos estatales, maestros del juego político oligárquico y aprendices ignaros en todo lo que requiere estudio, conocimiento, experiencia, meditación y previsión, como en economía, docencia, inmigración, autonomías, terrorismo, delincuencia. El vocabulario los delataba. Ni una sola referencia a la necesidad de libertad y de verdad, ni una sola expresión gramatical completa que pudiera ser considerada verdadera o falsa. Se llamaban mutuamente mentirosos ¡de intenciones!, salvo en la negociación con ETA o la guerra de Irak, donde la mentira era patente para millones de espectadores.

No podía haber controversia, sino pura contradicción, en dos arengas repetitivas de opiniones no versadas. El diálogo entre datos iguales, pero enfrentados sin logos, era logomaquia; y cuestionar sin responder, galimatías.

Educados en el lenguaje de la propaganda mediática y en la admiración de los deportes agonísticos, los espectadores confunden la oratoria con la frase enfática, y el debate, con el combate. Sin conocer la belleza del discurso de la libertad, ni la hermosura de la disputa de la verdad, lo único que podían apreciar y valorar era la contundencia de los golpes verbales, de las frases hechas, del insulto directo que, sin mediar humor o ironía, dejaran en la pantalla la imagen gestual de un ganador y un perdedor. Como en partidos de competición sin árbitro, en este combate sin fuero cada partidario y medio partidista pueden atribuirse la victoria.

Florilegio.
"El lenguaje emotivo no separa la forma del contenido y, a diferencia del cognoscitivo, es irreversiblemente indiferente a la verdad o falsedad de la locución. La más baja de sus especies gramaticales, el lenguaje de partido, no tiene más semántica que la impuesta por su necesidad de demagogia."
Texto: Antonio García Trevijano. Editorial del Diario español República Constitucional, año 1, nº 0.31.

martes, 4 de marzo de 2008

Riendo

(Foto: Tomada de http://www.linkmesh.com/ )


Nada de nihilismo oscuro, convocante,
solo ojos quiero, que me conformen
al mirarnos, cual espejos hacedores,
úteros de futuros gestores de hambre.

El lenguaje de tu cuerpo exclamativo
extático, contrito

o el tacto pituitario en que te ausento.

Carne para la carne sedienta de corazón.
Apátrida, sin abrigo, ni cáñamo.
Aterido en impúdicos lugares públicos
o en púbicos altares de humana redención.

El aire que respiro es como una mano tañendo
una vasija de barro, imperfecta,
como los hombres. Temporalmente,
aunque menos de mí conozco.

Riendo.
( Carlos Chaouen).