
De nuevo rumbo a Gijón.
El tren, más rápido, más frío, menos romántico, menos viaje y más traslado de mercancías. Voy sólo, sin la banda, con dos guitarras y una maleta (poca ropa) que contiene otra con los aperos (cables, pedales, cuerdas, folios, restos de todo un año.....)
Bocadillo de tortilla, fea, fea, un preludio de la cena. Me recogen en la estación y directo al hotel. Hotelazo, podría hacer el bolo en la misma habitación, en la que hay asientos cómodos para muchas personas. A pocos metros el mar, al que rodeo constantemente como en una atlántida con mar central.
A las 19 hemos quedado para probar sonido. Un taxi amable hacia el casino de Asturias. La sala dónde tocaré es la sala de fiestas del casino. Decoración con punto de club de placer, poca luz al entrar y uniforme impostado de los camareros, cosas del trabajo, dirán entre guiños de complicidad no admitida. La prueba, bueno, de nuevo llamadas de un técnico que no controla la mesa, dicen que no hay monitor....., al final hay monitor y la mesa suena, en la sala bastante bien, en los monitores (mejor callar).
Unas cañas con amigos (dos de ellos fueron desde Madrid el día antes), y a tocar.
Por momentos feliz, por momentos toco 'al peso'.... hubo tiempo para todo. Bastantes canciones, bastante buen rollo (la gente, en sus más que cómodos sofás, algunos de ellos). Creo que hoy toqué bien.
La cena, fea, fea, un colofón a la comida.
Recogida y cierre.
Luego a esperar el amanecer cantábrico en un bar frente a las olas; todas las lentillas del mundo para corregir la visión, unos cantares que se resisten, la guitarra otra vez, las copas del mundo......
Al rato me recogen mis colegas madrileños (trás llamar a dos o tres colegas, buscar en dos y tres hoteles; los nombres de las cosas......) y viaje de vuelta. Resaca como un castigo, y la comida de carretera que revuelve los jugos hasta el píloro con cada curva.
No tengo llaves de casa, así que para hacer tiempo ocupamos un local de ensayo que por mor del amor (quizá de la fiebre) estará vacío. Ya allí nada de música, sólo lentas cervezas como en un ocaso de las fuerzas.
Grande Gijón, estavez sin sidra ni erizos, pero con la misma complicidad de la gente.
Salud.
Próxima parada, Viladecans.
Carlos!





